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La Piedra de la Verdad
septiembre 15, 2020|Relatos Cortos

La Piedra de la Verdad

La Piedra de la Verdad

Todos en el centro de control se levantaron, demostraron respeto cuando vieron al capitán entrar.

“Buenas tardes, señores,” dijo el capitán Maxwell. “Informe de actividades, por favor.”

“La temperatura del ambiente controlado se mantiene dentro de los parámetros establecidos.”

“Sistemas de defensa en espera de órdenes.”

“Temperatura externa cinco mil grados centígrados.

“Estructura del domo al cien por ciento.”

“Sin novedades, señor.”

“Encontré algo moviéndose fuera del domo,” dijo Lana—una de las encargadas de vigilancia y monitoreo.

“Continúa,” dijo Maxwell, y todos los demás miembros del centro de control se quedaron en silencio.

La pantalla en medio del cuarto circular fue encendida, y la imagen mostraba una especie de roca.

“¿Qué es lo que estoy viendo?” preguntó Maxwell.

“Esta es una filmación de los acontecimientos de las once horas cuarenta y cinco del día de hoy,” respondió Lana.

Cuando la roca, al igual que lo hiciera una tortuga, sacó sus cuatro extremidades y corrió contra la puerta del domo subterráneo.

“Me gustaría tener permiso para investigar,” añadió Lana.

“Imposible,” dijo Michelle. “Es demasiado peligroso.”

Maxwell levantó una mano. “Quiero entender lo que acabamos de presenciar. Lleva a un equipo especializado.”

“Sí, señor,” dijo Lana.

Los demás miembros del equipo vieron a Lana salir de la habitación—ni siquiera tuvieron tiempo para reaccionar.

“¿Estás seguro de esto?” preguntó Michelle al llegar a un costado de Maxwell.

“Necesitamos saber qué es esa cosa.”

Una vez que estuvieron listos, con sus trajes para soportar la temperatura extrema del mundo afuera del domo, Lana dió la orden. “Vamos a salir, examinar al objetivo y regresar.”

“Sí, doctora,” repitieron sus cinco acompañantes.

La temperatura era tan alta que la única forma de salir era en el interior de un robot. La humanidad pasó generaciones encerrada—maquinando la forma de regresar a la superficie.

Cinco máquinas con formas humanas de color azul siguen al robot operado por Lana—ella era la más experimentado en viajes al exterior. Una de las pocas creyentes en la teoría evolutiva de las rocas, y esta no era la primera vez que veía a una roca moverse.

“Esta es una operación de alto riesgo,” dijo Lana, esperando que terminaran de abrir la puerta de la última bóveda. Y ver al mundo en llamas—el planeta Tierra finalmente tenía un nombre que lo representaba con exactitud.

La superficie rocosa parecía coloreada con un tono de rojo. Incluso en el interior de las máquinas se empezaba a sentir el calor.

“El objetivo se encuentra a seiscientos metros, nos vamos a movilizar con precaución. Tenemos que cubrir todos los flancos.”

En realidad, no había nada de qué protegerse, la Tierra ha estado desierta por generaciones. Lana tenía recuerdos digitales de la naturaleza, ahora solo quedaban las plantas alimenticias más importante en plantaciones subterráneas.

“Esa es la roca que vimos en las pantallas,” dijo Lana.

“¿Está segura, doctora?” preguntó Owen.

“Mantengan la guardia levantada,” dijo Lana. “Me voy a acercar.”

Los demás soldados miraban desde el interior de sus trajes, ellos tenían pantallas al frente de sus rostros para observar todo lo que sucedía en el exterior. Lana levantó a la roca y la examinó.

¿Cómo es posible? ella pensó. Esta roca es normal. “Tengo al objetivo, podemos regresar.”

“Doctora…” dijo Owen cuando la roca se movió. Sacando una cabeza como la de una tortuga de piedra y estirando su largo cuello hasta morder el brazo de metal.

Lana vio al brazo ser cortado con facilidad, dejando libre a la criatura de piedra. Luego, notó que el ser empezó a correr. “No lo pierdan de vista,” dijo Lana y todos corrieron tras la criatura.

La roca corría a gran velocidad, moviéndose con sus extremidades como si fuese un animal con estructura ósea.

“Solicitó permiso para disparar,” dijo Crist.

“Fuego a discreción,” dijo Maxwell por el sistema de telecomunicación.

Los robots azules despegaron un compartimiento en la espada y tomaron sus armas.

La tierra alrededor de la criatura se levantó con los primeros disparos. El siguiente se estrelló contra el caparazón de piedra, lo cual pareció obligar al ser a detenerse.

Los seis robots se detuvieron a una corta distancia de la criatura. Sus trajes eran mucho más grandes que la tortuga de piedra que tenía el tamaño de un automóvil.

“Lo tenemos que inmovilizar,” dijo Owen y el escuadrón empezó a rodear a la criatura.

Cuando la tierra a los pies de los robots empezó a moverse, otras criaturas se levantaron y se veían confusos en dos piernas.

“¿Qué está pasando?” preguntó Maxwell, mirando lo que sucedía en las pantallas del centro de control.

“Salgamos de aquí,” dijo Lana al ver el tamaño de los seres de roca.

Los robots empezaron a caminar hacia atrás, alejándose de las criaturas, manteniendo sus armas levantadas.

“Tranquilos, no disparen,” dijo Crist.

Hasta que una de las criaturas—observando detenidamente a los robots dar pasos hacia atrás—se lanzó al ataque. Uno de los robots azules cayó con facilidad, y la criatura lo empezó a destrozar en el piso.

Crist disparó, impactando a la criatura humanoide. Pero, las municiones no parecían tener efecto. “Corran, corran.”

Todos empezaron a correr mientras las otras criaturas los seguían.

¿Qué vamos a hacer si logran entrar? se preguntó Owen, girando para estrellar su arma contra una de las criaturas. El costado de su escopeta tenía una cuchilla con filo de láser. Así que, decidió utilizar el arma para atacar a la criatura, y se estrelló contra una de ellas.

Lana giró para observar lo que sucedía. Y vio al arma de Owen dividir a la criatura por la mitad.

Los demás seres de piedra se detuvieron y empezaron a correr. Huyendo con temor.

“¿Qué fue lo que pasó?” preguntó Lana.

“Lo corte con el láser,” dijo Owen.

“¿Cómo sabías que iba a funcionar?” preguntó Lana.

“No lo sabía,” dijo Owen.

“Podías haber muerto.”

“Era un riesgo que debía tomar.”

“Vamos de regreso al domo,” dijo Lana. “Tenemos que estar preparados en caso de que vuelvan a atacar.”

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Sebastián Iturralde

Un ciudadano más de este bello planeta, eterno amante de la creación artística y las letras; con la certeza de que la energía creativa proviene de la Pachamama.

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Mensaje del Autor
Agradezco que después de tantos relatos sigas volviendo a este sitio. Aquí, los dos podemos recorrer experiencias de vida a través de mi pluma.
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