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Cadenas
septiembre 16, 2020|Relatos Cortos

Cadenas

Cadenas

Las cadenas se escuchaban en el interior de la casa, era como si éstas fueran arrastradas lentamente. Una y otra vez se escuchó el sonido pasar por el patio delantero, pero Alan no veía nada desde su ventana. En algún lugar debe estar, pensó. ¿Qué está haciendo tanto ruido?

Pero la respuesta no llegó, Alan pasó un largo tiempo esperando verlo. Ver a la fuente del estruendo que lo mantuvo despierto. Hasta que solo quedó el silencio. De repente, se dejó de escuchar el arrastrar de esas cadenas.

Tenía que ser un animal, pensó. Claro, estaba atrapado y logró escapar. Pero no existía la seguridad de que ese era el caso, y la duda lo mantuvo despierto por horas. Al menos, eso fue lo que Alan sintió.

El tiempo pasaba despacio en esa fría cabaña en las montañas. No había otra persona a kilómetros de distancia, y la única alternativa que tenía era esperar al alba para caminar al pueblo más cercano. Eso también le preocupaba—lo repentino que fue encontrar el tanque de combustible vacío. Debe tener un agujero.

Pero tampoco estaba seguro de eso. Estoy atrapado en esta maldita casa embrujada, pensó al caminar a la cocina para preparar una bebida. Todo indicaba a que esta iba a ser una larga noche, hasta que vio una sombra moverse por la puerta de la cocina.

¿Qué fue eso? pensó y se acercó a la puerta. Es solo tu imaginación. Y regresó para buscar una bebida, cuando escuchó pasos por el techo.

Alan levantó la mirada para buscar la fuente del sonido. Debe ser un animal en el techo. Aunque tenía la leve sospecha de que el sonido llegó desde el interior de la casa. Es tu imaginación.

Pero los pasos regresaron, esta vez cruzaron el techo de un extremo a otro. Alan, incluso levantó la mirada para seguir la fuente del sonido, pero no pudo ver de dónde provenían. Estaba seguro de que eran pasos, y parecían dejar huellas. Pero no.

Alan se quedó paralizado, esperando que algo aparezca en donde los pasos terminaron, pero nada. Así que respiró con fuerza. Todo está en tu mente, se dijo a sí mismo y caminó hacia la barra, dispuesto a preparar ese vaso de licor.

Con la mirada fija contra el piso, intentando no ver hacia arriba. Alan tomó un vaso y lo llenó de whisky. Esto será suficiente, dijo y levantó el vaso para tomar casi la mitad.

Al bajar la mirada lo vio—era pequeño, con pantalones pastel, chaleco rojo a cuadros y chaqueta azul marino. Su sombrero de copa rojo tenía una pluma blanca. La piel del pequeño ser era igual a la de un humano. Y sus ojos, sus ojos eran profundos—contaban una historia sin hablar.

Alan se quedó quieto, analizando la imagen frente a sus ojos. Al duende parado en la esquina inferior de la ventana, mirando desde afuera de la casa. Con su mirada sobre Alan.

Imposible, pensó Alan, pestañeando. Pero la criatura seguía en el mismo lugar. Empañando la ventana con su respiración—hasta que desapareció.

¿A dónde se fue? pensó, mirando de un lado al otro de la sala. “¿Qué es lo que quieres?”

Pero no hubo una respuesta.

Alan se sentó frente a la botella y sirvió otro vaso. No puede ser, es tu imaginación. Esas cosas no existen. Debió ser el reflejo de la luz, nada más.

Tomó despacio, manteniendo su mirada fija en la mesa de madera. Es solo tu imaginación, se repitió una y otra vez. Intentando, de alguna forma, olvidar lo que sucedió. Será mejor que regrese a la cama.

Cuando los pasos en el techo regresaron, esta vez se movieron más despacio. Alan podía ver en su imaginación al pequeño duende caminando sobre el techo, como si la gravedad no lo afectará.

No mires, no mires, se repitió a sí mismo. Después de todo, ya no era un niño para creer en las criaturas mágicas. Mantener su mirada en la mesa le daba tranquilidad. Mejor me voy a la cama y olvido todo esto.

Cuando la cadena volvió a sonar, Alan se llenó de valor y corrió hacia la puerta principal para mirar por la ventana. Pero nada. El sonido de las cadenas estaba tan cerca. Sin embargo, no podía ver por la oscuridad.

No salgas, no salgas, se dijo a sí mismo con la mano en la perilla de la puerta. Todo está en tu imaginación, debe ser algún animal.

Así que tomó valor para abrir la puerta y vio una luz iluminar la casa. El frío de la noche se desvaneció y a unos pocos pasos vio una fogata. De los matorrales salieron personas, bailando y cantando.

Alan fue tomado por las manos, y bailando con las bellas doncellas se acercó a la fogata.

Su familia no volvió a escuchar de Alan, hasta ahora se cree que se perdió en la montaña.

2 comentarios
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Sebastián Iturralde

Un ciudadano más de este bello planeta, eterno amante de la creación artística y las letras; con la certeza de que la energía creativa proviene de la Pachamama.

2 comentarios

  • elcieloyelinfierno
    septiembre 17, 2020 at 12:56 pm

    Hermoso y mágico relato! Quien aun adulto; no posee la esperanza de encontrarse en algún momento con algo fantástico, que lo lleve a lograr la felicidad por la armonía y paz de quienes lo rodean. Un cordial saludo.

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    Mensaje del Autor
    Agradezco que después de tantos relatos sigas volviendo a este sitio. Aquí, los dos podemos recorrer experiencias de vida a través de mi pluma.
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