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Retorcido
junio 17, 2020|Relatos Cortos

Retorcido

Retorcido

Darío salió temprano de su casa, él tenía todo listo para el día, y lo mejor es que no estaba seguro de lo que podría pasar. Claro que en su mente el plan estaba muy bien organizado, él no quería perder la oportunidad de hacer lo que tanto a soñado. Darío estaba listo para salir triunfante de una interacción con el sexo opuesto.

Esta vez será diferente, él pensó, mientras viajaba desde su casa a la ciudad. Darío era un hombre de casi treinta, pasado de peso por su descuido personal y preferencias ocupacionales. Para él era una pérdida de tiempo cuidar su apariencia. De todas formas las chicas nunca se fijan en mí, él pensó, acomodándose el saco de capucha extragrande. Él prefería vestirse por comodidad, usando el mismo calentador toda la semana.

Darío miró su teléfono celular para verificar la hora. Claro, estaba atrasado. Pero no podía ser de otra forma, sus nervios lo controlaban por completo. Él quería que todo suceda sin percance, que la situación se dé como estaba planeada, pero no podía estar seguro.

En la ciudad, como todas las mañanas, el tránsito era casi insoportable. Demasiado lento, su carro se movía en dirección al destino que tanto esperaba. Darío sabía exactamente donde debía estacionar su vehículo, y solo había un espacio disponible. Así que, él tenía que ser el primero en llegar, caso contrario, todos sus planes tendrían que ser ajustados, y él odiaba cuando esto sucediera.

Era fácil para Darío perder el control de la situación, sobre todo cuando las cosas no salen como estaban planeadas. Pero esta vez sería diferente. Él no estaba dispuesto a equivocarse, no podía existir un error, o incluso su reputación podría ser perjudicada.

Al llegar, Darío notó que su estacionamiento estaba libre y sonrió. Esta era una gran señal para continuar. Así que, sin tiempo para analizar la situación, él estacionó su vehículo y se preparó para salir. A unos pocos pasos estaba su destino, la estación de bus donde tendría que esperar a su víctima. Esta era la primera vez que Darío cometía un locura de este estilo, en realidad él todavía no estaba seguro de lo que estaba haciendo.

Con el corazón acelerado, él empezó caminar en dirección de la estación. Las palmas de sus manos sudando, el frasco de cristal en un bolsillo y un pañuelo blanco en el otro. Todo estaba listo, ahora solo tenía que hacerlo. Era hora de mezclarse entre la multitud y encontrar a la mujer indicada.

Darío no era un tipo normal, al menos eso era lo que él pensaba. Todos los días despertaba deseando ser una persona diferente. Alguien a quien las mujeres no vieran con desprecio. Darío solo quería ser aceptado, vivir una historia romántica. Su sueño por llevar a una mujer desconocida a su casa continuaba aumentando, más aún desde que salió de la casa de sus papás. Ahora, después de tantos intentos, finalmente sería capaz de alcanzar su cometido.

Sin embargo, al igual que en miles de oportunidades en las que fue rechazado por una mujer, él temía lo que iba a suceder. El temor nublada su rango de visibilidad, hasta que la vio por primera vez. Era justo la clase de belleza que siempre estuvo persiguiendo. Ella vestía una chompa roja para el frio, un saco negro de cuello alto, pantalones entallados de cuero y tacos negros. Caminando con seguridad como si fuese dueña del lugar. Con su cabello castaño sujeto en una cola y escondiendo sus ojos tras un par de gafas grandes.

En otras circunstancias me casaría con ella, pensó Dario. Sacando el frasco de su bolsillo, regando un poco del líquido sobre el pañuelo, y acercándose a la mujer.

Los dos se miraron por un instante, una especie de aceptación mutua por lo que ocurrirá. Poco después llegó el autobús a la estación, y las puertas automáticas se abrieron. Como de costumbre, un grupo de personas salió dejando el espacio justo para que un par pueda entrar. Darío empujó a Estrellita al interior del bus, esperando que las puertas se cierren detrás de él, mientras sostenía el pañuelo sobre la boca de su víctima.

Estrellita perdió la noción del lugar en el que se encontraba, casi de forma inmediata se perdió en un pensamiento que no podía manejar. Intentando inútilmente tomar control de la situación, pero solo sentía sus pasos como si alguien estuviera caminando por ella. La luz era demasiado brillante, los sonidos insoportable, y le resultados casi imposible respirar.

Ellos bajaron en la próxima estación, Darío la tomaba de la mano. Él parecía un buen amigo ayudando a su amiga, después de pasarse de tragos, de regreso a casa. Al menos, eso debió pensar la gente que los vio pasar.

Darío intentaba mantener la calma, sin intenciones de mirar a su víctima. Con miedo de lo que podía suceder. Después de todo, esta era su primera vez, y era mejor estar seguro de que todo salga bien.

Los dos llegaron al vehículo de Darío. Él se ofreció, amablemente, a abrir la puerta de su doncella. Estrellita no estaba segura de lo que sucedía, solo sintió a su cuerpo descansar sobre el asiento, y se tranquilizó.

El viaje fue más corto de lo esperado. Darío notó con curiosidad lo fácil que era salir de la ciudad a esta hora. Así que todos deben estar llegando, él pensó, viajando a gran velocidad por la autopista. Su casa estaba todavía muy lejos, y el efecto de la medicina solo tardará un poco más. Él debía apresurarse.

Sin intenciones de disminuir la velocidad, Darío evadió todos las señales de tránsito que pudo, pero el tiempo siguió pasando demasiado rápido. ¿Qué pasará si despierta? él se preguntó.

Estrellita no parecían estar completamente fuera de sí. Una parte de ella seguí consciente, sosteniendo su cuerpo erguido, analizando sus signos vitales. Pero no era suficiente para recuperar el control. Ella miraba a la distancia, perdida en imágenes sin sentido.

Ya falta poco, pensó Darío al salir de la autopista. Un poco más y llegaremos a casa.

Al llegar, uno podía ver que la casa era demasiado grande para él. Un lugar antiguo y amplio como para una familia, incluso ahora que se convirtió en un hombre independientes, él seguía recibiendo apoyo de su familia.

Estrellita escuchó el abrir de la puerta a su costado, pero no fue capaz de girar para ver lo que sucedía. Ella únicamente esperó hasta que la ayudaron a levantar.

Darío la guío despacio a la puerta principal de su casa, él estaba seguro de que nadie los podría descubrir, alejado de cualquier sospechoso. Era hora de entrar. Ellos viajaron con prisa hasta las gradas del lugar, estas los llevaron directo a una recámara.

Estrellita sintió como su ropa se fue alejando de ella, le era imposible pelear contra la fuerza que le quitaba una por una sus prendas. Al poco tiempo se encontró desnuda, y ella empezó a sentir a una fuerza sostener sus brazos juntos. Luego cayó sobre una cama.

Darío se apresuraba terminando de sujetar a la mujer con un par de sogas. Las cosas sucedían tal y como él lo esperaba. Esto era justo lo que necesitaba. Desnudar a una desconocida, tenerla acostada sobre una de las camas de su casa. Finalmente, traje a una mujer a casa, él pensó. Mi mamá estaría muy orgullosa de mí.

Un estruendo abrió la puerta de madera de la casa, un sonido que Darío no estaba esperando. Él se levantó con prisa para analizar el disturbio, y un robot de dos metros con la forma de un humano de metal entró a la habitación. Darío caminó hacia atrás para alejarse pero le fue inútil. La máquina lo alcanzó con facilidad y sostuvo con sus fuertes brazos.

Darío no podía moverse, pero intentó forcejear con la máquina, únicamente logrando ser lastimando. El tiempo pasó muy despacio, incluso más despacio de lo que él quería aceptar. Darío miraba con atención a la mujer desnuda sobre la cama, seguro de que esta hubiese sido la ocasión perfecta para estar con ella.

Con el tiempo, el efecto de la medicina dejó libre a Estrellita. Ella tenía un fuerte dolor de cabeza, y se sorprendió a encontrase desnuda, y atada las manos. Fue en ese instante que el Robochulo 2000 dejó caer a Darío.

“Esto no es lo que acordamos,” exigió Darío.

“Me da la impresión que intentaste tomar más de lo que pagaste,” dijo Estrellita. “Sabías cuáles eran las reglas.”

“Sí, pero…” dijo Darío.

“Si quieres el paquete completo tienes que pagar por adelantado.”

“Pero…” él dijo, “ahora lo puedo pagar.” Sacando su billetera del bolsillo.

“Vas a tener que agendar una nueva cita,” dijo Estrellita. “Vamos Robochulo.”

Darío observó a la mujer tomar su ropa y vestirse. Luego la vio salir de la casa, dejándolo solo para lamentar sus errores. Voy a tener que llamar a la agencia para contratar el paquete completo, él pensó.

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7 comentarios
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Sebastián Iturralde

Un ciudadano más de este bello planeta, eterno amante de la creación artística y las letras; con la certeza de que la energía creativa proviene de la Pachamama.

7 comentarios

  • Malu
    junio 17, 2020 at 1:19 pm

    Me encantó! 😂

  • junio 17, 2020 at 3:38 pm

    Muy bueno !

  • junio 17, 2020 at 4:30 pm

    Hay ciertas discordancias : “y él odiaba que eso suceda”. O, por ejemplo: “Alguien a quien las mujeres no vean con desprecio”. Los tiempos no están conjugados como debe ser: “y él odiaba que esto sucediera”, y “Alguien a quien las mujeres no vieran con desprecio”.
    El relato es bueno, pero creo que un repaso gramatical, le vendría de perlas.

    • junio 17, 2020 at 5:05 pm

      Parece que algunos condicional compuestos pasaron desapercibidos, pondré más atención antes de publicar. Gracias por la observación.

  • junio 19, 2020 at 10:51 am

    ¡Buen relato! 🤩 ¡Y el final está genial! 👏🙏

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    Mensaje del Autor
    Agradezco que después de tantos relatos sigas volviendo a este sitio. Aquí, los dos podemos recorrer experiencias de vida a través de mi pluma.
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