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Através de la mira
diciembre 5, 2019|Relatos Cortos

Através de la mira

Através de la mira

El sargento López acababa de regresar de un enfrentamiento—del cual salió triunfante. Él llevaba su vieja arma de protones y cientos de nano baterías. Cada disparo necesitaba una carga muy alta, con cada disparo una batería se drena por completo. Él descansaba en una hamaca, escuchando a un río pasar, y el trinar de decenas de aves.

”Sargento,” dijo el teniente Salazar al acercarse.

López casi cae de su hamaca al bajar con prisa. “Sí, señor.”

“Me han comentado de su victoria en las praderas de campo verde.”

“Solo seguía órdenes, mi teniente.”

“De todas formas,” dijo Salazar, “tus esfuerzos han salvado una innumerables vidas. Es imposible demostrar lo agradecido que estamos.

“Pero… me gustaría presentarte este regalo en muestra de nuestro agradecimiento.”

López mantuvo la posición firme de su cuerpo. “Gracias, mi teniente.” Y estiró los brazos para tomar el arma.

Se trataba del último modelo disponible de pistolas de protones. Él había leído de estás y sus innumerables beneficios, López estaba feliz con el regalo.

“López,” dijo Salazar. “Puedes dejar tu antigua arma en la bodega, ellos se encargaran de todo.”

El día transcurrió, López llevó a su nuevo juguete al rango de tiro, y probó la eficacia del actualizado sistema. Instantáneamente notó que los ajustes no estaban perfectamente calibrados, nada que un poco de trabajo no pueda reparar. Él pasó un par de horas trabajando con el arma, intentando que esté en las condiciones adecuadas antes dirigirse a la bodega.

La noche llegó más rápido de lo que él esperaba. Su arma parecía estar trabajando tan bien o mejor que la antigua, era hora de dejar ir a su vieja compañera, así que… No puedo hacerlo, él pensó. Tengo que estar seguro.

López regresó a los dormitorios en los que se encontraban su cama, muy pronto llegará la hora de dormir. El cuarto estaba repleto de soldados, algunos se sorprendieron al verlo pasar con un arma en cada mano.

“Abran paso,” dijo uno de ellos, “aquí viene el vaquero.”

López prestó poca importancia al comentario, y continuó hasta su cama. ¿Qué voy a hacer?

Una sirena empezó a sonar. Era una emergencia. La base estaba siendo atacada.

López miró sus armas sobre la cama. Tenía que tomar una decisión, sería muy difícil andar a cargar las dos. Así que tomó la sábana y con esta amarró su vieja arma sobre su espalda, todavía no podía dejarla ir.

“Escuadrón jabalí,” dijo López. “Conmigo.”

Los otros cinco integrantes del escuadrón salieron tras López.

“¿Qué está sucediendo, mi sargento?” preguntó Salazar.

“Es posible que sea una invasión del enemigo,” dijo López.

Una luz blanca y cegadora iluminó las bodegas al noroeste, luego llegó la onda de la explosión enviándolos a todos al piso. El sonido era igual al que habían escuchado en tantas ocasiones, estaba siendo bombardeados.

“Detrás de mí,” dijo López al levantarse.

Ellos corrieron al sur, en dirección de la maquinaria de infantería. Era la única opción para detener a los bombarderos, López estaba seguro que la primera bomba cayó sobre los equipos de defensa antiaérea. Otra explosión iluminó el horizonte, esta vez ellos estaban preparados para la onda de sonido.

López levantó la mano con el puño cerrado, indicado al escuadrón que era hora de detenerse, él acabo de ver una nave de enemigo aterrizar. Al dar un paso para esconderse vio a una de esas cosas bajar. No es posible, él pensó, estamos siendo invadidos.

“Posición de ataque,” dijo López, y los miembros de su escuadrón empezaron a dispersarse por el área. Ahora todos sabían lo que estaba sucediendo.

López tomó su nueva arma. No me falles, pensó. Él vio que todos estaban en posición para empezar el ataque, y levantó dos dedos para dar la orden.

Enseguida, los seis miembros restantes de lo que era el escuadrón jabalí empezaron a disparar. Las criaturas caían una tras otra, el elemento sorpresa en su contra, cuando algo parecido a un elefante en armadura salió de la nave.

No puede ser, pensó López. Trajeron a esas cosas. Él sabía que las armas de protones no eran suficientes para detener a esas criaturas, así que levantó la mano para dar una orden, y dibujó un círculo con el dedo.

Inmediatamente sus compañeros dejaron de disparar. Todos observaban a los invasores alrededor del elefante, como si este les daría una especial de campo de fuerza, caminando sin saber lo que estaba sucediendo.

López los vio encender sus armas de corto alcance, las criaturas preferían las peleas cuerpo a cuerpo. Tengo que destruir a esa cosa, él pensó. Sabiendo que la única forma de vencer era deshaciéndose del elefante.

Los demás miembros del escuadrón esperaban aterrorizados, no podían seguir desperdiciando nano baterías. Ellos confiaban en su sargento.

López se escondió tras una pared y empezó a modificar su arma, la cual estaba lista para situaciones como esta. Solo un proyectil con cabeza de diamante podía penetrar a esa criatura. El único lugar que estaba descubierto era el ojo, así que preparó su arma y sacó al proyectil de un estuche en la correa, lo colocó en su nueva arma y se dispuso a disparar. Debí probar esta función, él pensó y se lanzó al piso para apuntar.

En cuestión de segundos tenía en la mira al ojo de la criatura que parece un elefante, y tiró del gatillo. La explosión no fue como esperaban, una combinación de calor y frío le cubría la piel del rostro, él solo podía escuchar un interminable silbido, su mirada se oscureció.

Luego de un instante, López giró sobre el piso esconder su cuerpo tras la pared, ahora todos sabían en dónde se encontraba. Sangre brotaba de su rostro y hombro, el arma estaba destrozada. Sin pensar, él tomó su otra arma de la espada, zafando el nudo de la sábana frente a su pecho. López se levantó y empezó a cambiar los ajustes mientras corría.

Sus compañeros miraban sorprendidos como las criaturas de piel gris y armaduras brillantes corrían hacia donde López estaba escondido. Él sacó otra munición con punta de diamante, cargó el arma y giró para disparar, en un instante tuvo a la criatura en la mira y tiró del gatillo.

Instantáneamente, los campos de fuerza que protegían a las demás criaturas desaparecieron. Los miembros del escuadrón jabalí empezaron a disparar, pero fue demasiado tarde para salvar a López.

Salazar tomó el mando del escuadrón. “Fuego a discreción.”

Las criaturas cayeron una por una, era imposible que se puedan vencer ahora que el elefante, que creaba un campo de fuerza alrededor de seres de su mismo planeta, estaba muerto. El escuadrón jabalí terminó el trabajo que empezó López, tomaron control de los lanza-misiles antiaéreos de los camiones de infantería, y detuvieron la invasión.

Salazar regresó, el recuperó la vieja y confiable arma de López, ya que del sargento no quedaba mucho para recuperar.

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Sebastián Iturralde

Un ciudadano más de este bello planeta, eterno amante de la creación artística y las letras; con la certeza de que la energía creativa proviene de la Pachamama.

un comentario

  • elcieloyelinfierno
    diciembre 5, 2019 at 8:34 pm

    ¡Siempre sorprendes con una genialidad, Sebastian! Ágil y descriptiva narrativa, sin fisuras. Con la ansiedad y angustia que atrapa al lector, la actuación del heroico y a la vez mártir Lopez que da su vida por su escuadrón. Un cordial saludo.

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    Mensaje del Autor
    Agradezco que después de tantos relatos sigas volviendo a este sitio. Aquí, los dos podemos recorrer experiencias de vida a través de mi pluma.
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