Ensayos

Somos la madre naturaleza

Una extraña idea revolotea en mi interior, la sensatez se pierde tras nubes oscuras y distantes; lo que tan hermoso solía brillar con la luz del sol ahora parece distante y escondido. Nos quedamos atrás y la lucha por vivir se va perdiendo; usamos el cerebro para pensar y perdemos. Es hora de detener el miedo y dejar atrás los lujosos diplomas que nos certifican como mano de obra calificada para vender nuestro tiempo a quien ofrezca mayor seguridad; somos esclavos del dinero.

Abrimos los ojos con fuerza para mirar el horizonte, solo alcanzamos a sentir el frío del viento que vuelva hacia nosotros, perdemos la fuerza para admirar las bellas praderas que no han vuelto; un día de oscuridad se torna en lo único que podemos recordar y nuestro cerebro que solo puede sentir intenta buscar refugio; nos quiere proteger de un día de sufrimiento. Somos tan ciegos al instante que vivimos en el pasado, intentamos que las señales del dolor nos lleven a buscar refugio y el temor nos invade.

Tenemos los recuerdos de días difíciles. El mundo es un jardín de emociones y disfrutamos cada una de ellas; en un instante olvidamos disfrutar las hermosas por miedo a las dolorosas, dejamos que nos lleven por un mundo oscuro. Caminamos encorvados con miedo al cambio, seguimos un patrón de trabajo por el cual intercambiamos tiempo por seguridad; nuestros cuellos metidos dentro del cuerpo de una tortuga que desea esconderse en su caparazón.

Sin alternativa para vivir nos encontramos buscando una razón de la depresión. Repetimos nuestras labores calificadas a la espera de una recompensa, mantenemos rutinas destructivas que acosan el fruto de la naturaleza y así nos convertimos en los autores de la destrucción de un pedazo de tierra; vendemos nuestro tiempo a cambio de la promesa de otros que ofrecen la respuesta a nuestros temores, seguimos sus comentarios como órdenes y dejamos que nos conviertan en estos seres de destrucción.

Parecemos estar vendados de ojos al daño que somos capaces de ocasionar. Cada día somos los autores de la depresión de nuestro corazón, sellamos los labios para pensar con la cabeza y creemos estar en control de tiempo; nuestro corazón mira en silencio como destruimos el fruto de millones de años de naturaleza, sufre pero no escuchamos su voz y caemos en agonía.

Somos el fruto de camino que tiene una gota de agua. Seguimos siendo lo que fuimos desde el inicio de los tiempos y nuestros cuerpos siguen deseando alcanzar el potencial de su crecimiento; aprender es el regalo más hermoso que podemos alcanzar, lo hacemos con amor ya que es nuestro corazón el que está pensando. Dejar a nuestra mente encargarse de las sensaciones, permitir que nuestro cuerpo envíe sus mensajes a través del sistema nervioso y vivir cada instante de júbilo y agonía con el mismo fervor; solo de esta forma nuestro corazón retomará el lugar que le corresponde, podremos pensar con el órgano que lleva de vida nuestro cuerpo y podremos descubrir lo importante de dar cuando el cerebro solo sabe recibir.

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