Relatos Cortos

El candidato perfecto

A Lexie le parecía increíble o que su padre le acababa de proponer, ¡hacer un experimento con su propia hija! Por muy golosa que fuese la recompensa, a ella le parecía que los riesgos eran mucho mayores. Su padre, el emperador del FX6, había estado investigando sobre las tres reliquias de las que hablaba la archiconocida Profecía de los Siete Reinos. En concreto, se había centrado en el unardium legendario del Monte Vädvoy, del que la profecía decía que habría alguien capaz de portar el poder de su interior.

Durante cinco largos años, su padre se había encerrado en el laboratorio junto con sus
científicos buscando la manera de conseguir sintetizar toda la energía del mineral en un cuerpo humano. Los resultados habían sido tan negativos que estuvo a punto de abandonar el proyecto. Y lo habría hecho de no ser por un descubrimiento que hicieron en el último momento. Y es que la sangre de los dioses era capaz de estabilizar el unardium en el interior del cuerpo. Pronto consiguieron clonar un cristal de unardium con un potencial enorme, aunque menor que el del Monte Vädvoy, puesto que un mineral tan poderoso como el de la profecía supondría un riesgo altísimo incluso para el dios más poderoso.

Surgieron varios candidatos, todos con sangre divina, y entre ellos, la hija del emperador del FX6, Lexie.

Resulta que Alyss, la mujer del emperador, era hija de un dios bastante poderoso, pero su madre era humana. De esta manera, Lexie también tenía sangre de dios por sus venas, pero no mucha. Este era el principal problema, Lexie no quería correr el riesgo de que el unardium la matara. Su madre tampoco estaba de acuerdo con el emperador. Además, Alyss pensaba que había un candidato con mucho más potencial, aunque ese pensamiento se lo guardaba para sí misma, pues ella quería una fuerza que otorgara paz, y su marido quería potencial para su Imperio.

Al emperador le daban igual el resto de candidatos, si conseguía su propósito, no haría falta ni luchar para anexionar terrenos si tenía de su parte tal poder destructivo. Y lo más importante, como decía el emblema de su casa: “Il devhil, no fèmille.”, es decir, “El poder, en la familia.” Y como las palabras del emperador eran sagradas, pues al final Lexie salió elegida.

Al principio se rebeló, pero la contuvieron y la sedaron para que no opusiera resistencia. Y así, realizaron la operación y le introdujeron una esquirla de unardium en el corazón. Los siguientes dos meses fueron un infierno para Lexie, pues, aunque de cara para afuera yacía plácidamente en un estado de coma, en su interior se libraba una lucha salvaje por obtener el control sobre el unardium.

Lexie sufrió tanto que en uno de sus delirios le pareció oír a alguien que le susurraba algo así como “ven a Kidsworld”, o “enseñar a controlarlo” y “ayuda”.

Justo antes de despertar, cuando ya había conseguido estabilizarse casi por completo, la misma voz le habló en su cabeza, pero esta vez sonó más clara y coherente: “Lexie, soy alguien que quiere ayudarte. Me he puesto encontacto con Alyss, tu madre. Hemos llegado a la conclusión de que tu padre no puede poseer el inmenso poder que tu cuerpo acaba de asimilar. En cuanto despiertes debes abandonar el FX6 y dirigirte a un planeta llamado Afíxter, allí habrá un escuadrón de aviación intergaláctica que te escoltará hasta Kidsworld. Una vez allí aprenderás a controlar el unardium y después serás libre de hacer lo que quieras.”

Lexie quería preguntar algunas cosas, pero la voz en su cabeza ya había desaparecido. Unos segundos después, Lexie se despertó de su coma y se incorporó lentamente.

Enseguida acudieron un par de científicos emocionados y se dispusieron a hacerle pruebas médicas. Lexie, ya harta de todo esto y enfadadísima con su padre y todos los que la habían hecho sufrir así, lo único que hizo fue levantar ambas manos apuntando a las cabezas de los científicos. Estos la miraron perplejos, y lo que Lexie hizo después les arrancó gritos de dolor sobrehumanos por unos instantes.

De esta manera, una adolescente vestida con ropa de la nobleza atravesó un portal a altas horas de la madrugada dejando tras de sí cadáveres a medio calcinar ardiendo en un fuego de un antinatural color amarillo.

FIN

Acerca del autor

Eufrasio Sidecar

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