Relatos Cortos

La caída de Limbra

Debían de ser las cuatro de la madrugada cuando Thinion se levantó. Acababa de tener una pesadilla y se había desvelado. Fue hasta el baño y se lavó la cara con agua fría para terminar de espabilarse. Cuando acabó de asearse y vestirse decidió salir y dar una vuelta hasta el amanecer.
Llevaba ya un buen rato caminando por los alrededores del pueblo cuando se encontró con el cartero de la embajada, que parecía nervioso por alguna razón. Cuando se dio cuenta de que pasaba junto a Thinion pareció relajarse un poco, como si se quitara un peso de encima.
-Justo te estaba buscando, Thinion.- dicho esto le entregó un sobre lacrado con el emblema de su familia y se dio la vuelta para volver al pueblo. Al joven le pareció que aquel sobre no
tenía muy buena pinta, e intuyó que su interior no auguraba nada bueno. Durante toda su estancia en Kidsworld apenas había recibido correspondencia, y solo había sido a través de su teléfono inteligente, un invento que al parecer no tenían en este pequeño planeta.
Thinion decidió que ya abriría el sobre cuando volviese a palacio.
La mañana estaba a punto de terminar cuando Thinion entró en palacio. Mientras recorría los pasillos que le conducirían hasta su habitación se cruzó con Donda, un nuevo integrante de la guardia real que no le caía nada bien. Donda levantó la vista, y cuando sus miradas se cruzaron un odio irracional se apoderó de su cuerpo. Donda había hecho todo lo posible por evitar que él consiguiera nada de poder sin niguna razón aparente.
Pero ahora lo principal era la carta que había recibido, la había estado evitando hasta ahora, pero era momento de abrirla. El contenido de la carta trataba sobre su padre, el dirigente del FXTier, el lugar en el que se crió. El FXTier ocupaba una galaxia entera, y tenía planes de extenderse aún más. Su padre era el emperador, pero como Thinion era el menor de dos hermanos y, por lo tanto, no heredaría el trono, prefirió viajar a otra galaxia donde no fuese tan conocido. Estuvo vagando por varias hasta que llegó a un pequeño planeta de la Vía Láctea llamado Kidsworld. Thinion ya llevaba siete años viviendo allí, y había ayudado al ejército del condado de Limbra. Pronto demostró sus dotes para la guerra y se fue ganando el favor del noble que gobernaba allí, Capiel Fix. Este último se había ido apoderando de más y más territorios en los últimos años, y había ido ampliando su influencia hasta acabar controlando de un modo u otro los cuatro continentes. Era prácticamente el rey absoluto de Kidsworld.
Ahora, con la llegada de la carta, Thinion descubrió que su padre y su hermano habían fallecido en una batalla de expansión y él era el siguiene en la línea sucesoria. Debía volver al FXTier y gobernar el imperio. Eso no sería un problema si un pequeño detalle no le anclara a Kidsworld mucho más fuertemente que cualquier otro compromiso. Y es que Capiel tenía una hija, la princesa Alyss Fix. Alys le había enamorado como nunca otra mujer lo había hecho. Y es que habían estado quedando a escondidas durante dos largos y felices años.
Definitivamente, Thinion no podría abandonar Kidsworld si no era de la mano de Alyss. Tenía que convencerla de que se marchara con él. Así que puso rumbo a la habitación de la princesa.
Cuando llegó ante la puerta de la habitación de su amada oyó que en el interior estaba teniendo lugar una discusión acalorada, así que decidió esperar a que quienquiera que hubiese ido a hablar con Alyss abandonase el lugar.
Tras esperar unos minutos pacientemente, al fin se abrió la puerta. La sorpresa de Thinion fue mayúscula al comprobar que quien salía de la habitación era ni más ni menos que Donda, que le dedicó una mirada glacial. Y así, confundido, se dispuso a hablar con la princesa.
Por más que Thinion intentó convencer a Alyss de que viajara con él al FXTier, tan solo obtuvo negativas por respuesta. Así que cuando dejó los aposentos reales estaba aún más cansado y confuso. No conseguía entender por qué la princesa no quería acompañarle y ser la emperatriz de un imperio tan extenso como el suyo.
Y así de confundido llegó Thinion a su habitación. Se puso a preparar su espada para la sesión de entrenamiento de esa tarde. Cuando se giró para colocar la espada en su sitio, se llevó un susto de muerte; había un niño de unos once años sentado en su cama. El intruso tenía una pinta peculiar, y su pelo era de un color amarillo neón. No había hecho ruido alguno y Thinion estaba seguro de que no se encontraba ahí cuando había entrado. Al niño no pareció sorprenderle su reacción y murmuró divertido algo así como “pues sí que has tardado en darte cuenta…”. Después, el chaval se puso serio al ver que Thinion había desenvainado su espada y le apuntaba directamente al corazón.
-¡Tranquilo! No hace falta ponerse tan serios.- A Thinion le daba la sensación de que el intruso estaba conteniendo la risa.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo has conseguido traspasar la barrera mágica?
-Vengo del futuro, así que tengo mis métodos…
-¿Del futuro?
-Efectivamente, de dentro de unos quinientos años o así…
-¿Y para qué has venido? No creo que hayas entrado en mi habitación por casualidad…
-¡Ja Ja Ja Ja! Hablando de casualidades… no he podido evitar escuchar cierta conversación con Lady Fix…
-¡¿QUE HAS HECHO QUÉ?!- Thinion había montado en cólera de repente. Pero el niño ni se inmutó.
-Cálmate, ya me agradecerás que os haya escuchado. Pero de momento atiende a lo que voy a decirte.
-De… acuerdo- Thinion daba la sensación de estar requiriendo toda su fuerza de voluntad para no ensartar al chaval.
-De hecho, hay una manera de que Lady Fix se vaya contigo al FXTier, pero deberás seguir mis instrucciones al detalle.- Dicho esto, el niño se incorporó con una sonrisa en la cara, y cuando Thinion iba a contestar, el niño ya no se encontraba en la habitación.

Acerca del autor

Eufrasio Sidecar

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