Relatos Cortos

Todas las horas

Un general de un ejercito extranjero, varios periodistas, un bandolero y el capitán Mirelles comparte una celda de frío cemento. El capitán ha sido el último en llegar. Están en un campo de prisioneros de guerra. Ha sido trasladado, según el piensa para ser juzgado. Su estado es lamamentable se encuentra al limite de la resistencia física.

Aunque el campo es gigantesco no hay cabida para la justicia mas grande del mundo.

El bandolero duerme, los periodistas hilvanan crónicas de guerra pensativos. El general extranjero vive con los ojos cerrados. El capitán Mirelles, sobre el blanco papel de su imaginación escribe…

Desde la cárcel, invierno…

Querida madre: Si me vieras ahora, pensareis que soy un espectro y seguro que te lo creerías pensarías que es verdad lo que te dijeron que había muerto en acto de servicio. Se que han pasado unos años , pero ha veces el tiempo engaña y parece que ha pasado mucho mas cuando en la hora de descanso salgo al patio, y ha llovido me miro en un charco de agua y solo veo a un hombre, que ya no existe.

¿te han llegado noticias mias?.Del campo salieron varios compañeros para sus países y a todos les dije tu nombre y el nombre de la ciudad de España de donde somos y a todos les he dicho que te hagan llegar una misiva mia con una sola noticia la he repetido hasta la saciedad.

“Dile que vivo”.Y ahora estoy muy preocupado. Ya que si te lo dicen esta vez sera verdad.

No se que me pasara aquí.Supongo que me presentara ante un tribunal y sere condenado a muerte, a trabajos forzados o lo que sea.

En absoluto me importa.

Esta cárcel debe estar en un lugar de yugoslavia, está llena de gente, repleta hasta tal extremo que la celda que ocupo es solo para dos personas y estamos nueve.

Desde aquí ya no se si llueve, nieva o hace sol. Creo que estamos en Navidad y que hoy es Nochebuena. Tengo que contar las rayas arañadas a la pared,que memorice de el otro campo donde ayer llegue.Presiento que estas pensando en mi y te pondrás muy triste.Lo lamento, madre, todo lo ocurrido, lo que esta pasando, aunque eso si no me siento culpable ya sabes que vine aquí a cumplir una misión humanitaria.

Un beso de tu hijo Rodrigo.

En algún reloj suena doce campanadas. Se oyen pasos de botas,sobre las chapas metálicas que cubren los pasillos, tortuosos, largos e interminables, son de botas militares. Dentro de la fortaleza. Los alrededores de la cárcel están cubiertos de nieve, una nieve blanda, recién caída. En alguna pequeña casita, habra una luz encendida hasta muy tarde.Y en alguna casa toda iluminada la luces permanecerán encendidas hasta muy tarde. Alrededor de una vieja mesa de roble, frente a la chimenea estara sentada una familia celebrando la cena de Nochebuena..

Violentamente se abre la puerta pesada de hierro de la celda.

Un soldado ordena.

Ricardo Mirelles, recoge tus cosas y sigueme.

El capitán Mirelles,recoge su viejo macuto en un minuto. Se dirige hasta la puerta de la celda. Camina detrás del soldado.Lo sigue por los tortuosos y helados pasillos con puertas de hierro que cierran desde fuera con enormes cerrojos que chirrían, de dentro de lo cuviculos salen gritos desgarradores.Lo mete en un cuarto lleno de gente.Y otra orden mas.

Espera…

Pasa el tiempo.En esta habitación hace memos frío que en la celda.

El capitán Mirelles ni ha podido despedirse de sus amigos.Por su mente se cruzan preguntas.¿Sera Nochebuena hoy?.Recuerda que por la mañana había contado las rayas arañadas a la pared trescientas sesenta y cinco exactas.Pero …¿y si fuese año bisiesto?.

De todas formas….

NOCHEBUENA EN LA PRISIÓN

Querida madre: Todavía no se cuando me juzgarán.De cualquier manera, en este momento me van a sacar de esta cárcel y no se a donde me llevarán.Es curioso que, a pesar de tener la certeza de que lo que esta por venir sera aún y sin lugar a dudas peor de lo que acabo de pasar.Sabes madre tengo la sensación que voy a ser libre.Dentro de mi alma crece la palabra libertad.

No se porque nos trasladan de noche.Seguramente sea porque nos suban a un tren que pasa por aquí a estas horas.

¿Te pregunta algún amigo por mi? y si alguno te pregunta ¿que les respondes?

Felices Pascuas te desea tu hijo Rodrigo>

El capitán Mirelles ha sido llamado ante la mesa donde el oficial devuelve los objetos personales a los que trasladan.El capitán Mirelles pregunta.

-¡Y esto?.
-¿Que es eso?.
-El recibo de una medalla de oro.

Una risotada, unas miradas cómplices, un sentimiento de conmiseración.Una respuesta.

-Es mucho mejor que la olvide para siempre.
Y, si tanta es su fe, !recele al recibo¡.

Tres hombres pasean muy cerca de las alambradas.A suficiente distancia para que no los derriben a disparos, ni les alcance una ráfaga de ametralladora, pero están muy cerca de los teleobjetivos de lo que imaginan .Hablan. De vez en cuando se detienen.Uno de los hombres se llama Rodrigo y es capitán. Es tiempo de descanso y ellos lo dedican a pasear y conversar.

-Entonces, Rodrigo si alguna vez viajas a Italia, ¿me visitaras?.
-Cuenta con ello, -le responde el capitán.

Rodrigo, piensa que si alguna vez regresa a España no sabe lo que hará. Lo primero, ( piensa), pedir perdón a su madre por haberla hecho sufrir tanto, por las heridas en su alma y el dolor causado.Luego pasar muchas horas contadole todas las cosas.Después , comer , comer, mucho y mas tarde una vez recuperado viajar a Italia.

CAMPO DE RUGIADOS, INVIERNO

Querida madre: Esta mañana estoy muy contento.Completamente feliz. Este va a ser un gran día, ya que me siento plenamente alegre.no se el tiempo que ha pasado ni tampoco conozco a los campos que he sido trasladado. Pero ya te digo que soy un hombre nuevo, no llevo en cuenta las incertidumbres,ni los malos deseos, ni los peligros y torturas a las que me han sometido y me someterán.

He confesado , madre, estoy libre y despreocupado, limpio.Es la primera vez en estos años que vuelve a nacer en mi la esperanza.No me preguntes el porque de mi confianza, no te lo sabría decir.Solo se me ocurre decirte que te quiero mucho, no te olvido en ningún momento.

Un abrazo.

Rodrigo.

P.D. Sabes me he confesado, no ante el tribunal militar.Ya que no puedo confesarme por mucho que me lleven a los interrogatorios y me sometan a sus torturas, no se de que lo que se me acusa.Me he confesado junto a las alambradas.Ante un hombre harapiento, hambriento, como yo, como todos…cubierto con andrajos marrón oscuro.

Mentalmente hemos hecho la señal de la cruz.Después hemos rezado un rosario.Pero nadie se ha dado cuenta de nada.Si acaso, si han podido vernos hablar mas tiempo de lo normal entre dos prisioneros.

Un hombre harapiento junto a otro con harapos también y rotos se despiden.Uno de los dos tiene prisa le esperan en muchos sitios de el campo.Pero antes de irse pregunta al otro hombre.

-¿dime, como te llamas?.
-Yo, capitán Mirelles.
-yo, hijo mio padre Adrián

Uno, dos, nueve, mil, tres mil…Hasta, ¿quien sabe? los presos que se adivinan en las sombras de las minas.Se pueden contar por las luces de los cascos iluminados.Un lago corre por dentro de las galerías y los presos trabajan dentro de el agua que les llega casi hasta la cintura. Muchos están agotados. se quedan sin fuerza y es entonces cuando el agua les llega hasta el cuello. En la mina hace calor. Demasiado calor, quizá la temperatura llegue a ser insoportable.Y al salir a la superficie al exterior de la mina los harapos empapados en agua

SALIDA DE LA MINA

Querida madre: madre ahora mismo estoy pensando que voy a vivir siempre, si seguiré viviendo , ¡de que puedo morir si aún no he muerto¡, a pesar de las situaciones tan horribles, inhumas, inenarrables, por las que he pasado.

Se que muchas veces mis conclusiones pueden parecerte absurdas.Mira, ayer por la tarde pensaba que tener y llevar una bufanda era algo estúpido, una miniedad, el hombre se ha vuelto muy vulnerable ante las inclemencias del tiempo, ante los virus y la bacterias.¿Cuanto está Dios capacitado para resistir todo lo del mundo que el creo?.

La madrugada que nos trajeron, después de un juicio rápido y sin defensa, en un tribunal de guerra, eramos cinco hombres de nacionalidad española, ya dábamos por supuesto que esto no era un lugar de descanso.

Pero dentro de nuestras miserables circunstancias no podíamos imaginar el trabajo y la crueldad que nos esperaba.

Llegamos amontonados en camiones, en los cajones no había toldos, no nos dieron mantas para cubrirnos de el frío y la nieve.

Nevaba con fuerza, era una cortina blanca de nieve helada.Cuando en mitad de la noche llegamos al campamento, no nos dieron una manta, ni sos ofrecieron unas duchas de agua caliente, ni toallas para secarnos, ni un fuego en la entrada para poder entrar en calor.

Repartieron mantas viejas, delgadas del uso y llenas de rotos, que olían a sudor, y el llanto de muchos hombres que nos tiraron a la cara según cruzábamos la entrada de espino del campo.arrebujado sobre esta manta he pasado la noche y voy a pasar otro año sentado sobre ella.Pensando en vosotros.El tiempo pasa, y mis recuerdos aumentan, recuerdo felices, aquellos que en su día me parecían normales y cotidianos.Mis recuerdos, no esconden envidia, si salta la alegría, sobre todo la noto en mi corazón que golpea con fuerza en mi pecho.Y, mi sangre fluye en un torrente alegre cada latido me dice, que pronto nos vamos a encontrar.Como te digo al principio de esta carta, madre, ¿ de que puede viviendo en el infierno morir un hombre?.

Te abraza.

Rodrigo>

En febrero.En una casa de Asturias, bajo la luz de una lámpara en un dormitorio es madrugada y el invierno ha traído mucha nieve que ya es hielo.Tras los fríos cristales de una ventana, (se han formado caranvanos de hielo)-,sobre una cama, se deja arrastrar por la muerte una buena mujer.Isabel Ferrán, querida por todos sus vecinos, por su sencillez y su alma grande.Se va del mundo con resignación, amargura y mucho dolor, por no haber podido abrazar al hijo muy querido que un día se marcho con las fuerzas humanitarias del ejercito español a los Valcanes.

El sacerdote hace la señal de la cruz y la mujer cierra los ojos para siempre.Su vida se apaga, y tal vez su último pensamiento sea para el hijo capitán al que no volverá a ver nunca en Santander.

En un campamento sin nombre.Dentro de una jaula para hombres atrapados.Están pasando lista.Al llegar a Rodrigo, le pregunta el oficial.

-¡Español?.
-Si, responde, con cierta altivez; español y capitán…

El oficial queda sorprendido ante la respuesta y replica,tajante y con soberbia.
-¡Aquí no se puede hacer política¡.

DESDE EL CAMPO DE TRABAJOS FORZADOS

Querida madre: Soy español y capitán,aunque le moleste al oficial que acaba de pasar lista.Es orgulloso, altanero, prepotente, aunque luego lo pase igualmente mal, tendrá superiores que lo torturan y harán burlas de el.Cuando me hicieron prisionero, me jure a mi mismo que no me arrancarían las estrellas de mis labores humanitarias.Entonces me rompieron el brazalete, de las fuerzas internacionales.No se lo que hice o que pude decir que tanto ofendió, pero me costo una represalia y una fuerte sanción con su correspondiente pena a trabajos forzados.¿ Y, que?.

Fíjate madre, que ya hasta pienso que este campamento es el mas humanitario por el que he pasado, mucho mas, si, que los anteriores.El trato es diferente a pesar de todo se han dado cuenta que somos seres humanos.Hace años que ando dando tumbos por estas heladas tierras, y que los gobiernos ya ni nos recuerdan ni actúan, no importan nuestra vidas madre .Tal vez, al vernos abandonados a nuestra suerte se hayan humanizado.Tal vez.Hay días que me encuentro tan lejos de la realidad, tan solo, tan aislado del mundo, que no se donde empieza lo imaginado y donde lo lógico.Es curioso pero este año no he llorado ni una sola vez, nada, ni una lágrima.

Bien lo sabes, siempre he sido muy emotivo y ante cualquier cosa triste me han rodado las lágrimas por el rostro.Y para siempre se me han secado los ojos creo que no sere capaz de volver a llorar jamás.Nunca madre ni por nada.

¿Como estas?, ¿bien?.Anoche se me ocurrió que habías muerto.¡Que tontería¡,
¿verdad?

Tu tienes que esperarme en el anden de la estación del tren en Santander.Para recibirme el día de mi regreso.Lo necesito madre.Y no puedes defraudarme, no puedes no, nunca lo has hecho.

Un abrazo.
Rodrigo.

Un campo que parece haber sido concebido para seres humanos.Con un régimen interno mas humano que el anterior.Unos hombres que pueden pasear, discurrir, intentar vivir y comienza a tener sentimientos , esperanza
emociones.Porque de golpe ya no son fieras acorraladas.Han recuperado la conciencia de la existencia.

El capitán Mirelles percibe mas que ningún otro como la sangre ahora llena de vida corre por sus venas.Porque tiene mas ganas de vivir que los demas, o tal vez no tiene motivos en concreto.El capitán se debate entre entre una silenciosa conjuración nadie se da cuenta de lo que sucede y los prisioneros, desconcertados, cuchichean entre ellos.El capitán siente como salta su corazón entre las paredes de su pecho.

DESDE MI CELDA

Querida madre:

¿Puedes imaginar lo que supone para mi, ¿ poder participar en la misa?.También me parece imposible.Poder orar.Acercarme Dios, eso me ha devuelto la libertad de la cual carezco, mi cuerpo está enfermo, desnutrido ¿que me puede importar?.Si mi alma es libre y esta en paz.Todo lo tramó un franciscano que se llama Antonio y que comparte celda con nosotros.No puedo explicarme cómo habrá conseguido el pan ácimo, ni el vino para la consagración.Posiblemente fue con la complicidad del cocinero del campamento que es italiano como el.

El caso es que comulgamos casi a diario.Los vigilantes, o no se dan cuenta o hacen la vista gorda.

En cuanto vuelva a casa, te regalaré una medalla de la Anunciación, que ha gravado en un hueso un artesano de Moscú y que me ha regalado otro franciscano que se llama Francisco.Claro que lo mismo me la descubren, o no la puedo esconder y me la quitan o me la roban.Lo lamentaría.

Al volver a Asturias desearía poder conservarla y llevártela un recuerdo de esta pesadilla, llena de dolor y a la vez de consuelo, consuelo por la libertad espiritual que me llega de Dios.No tengo nada material, nada de nada pero ya las cosas materiales han perdido mi interes, y las cosas espirituales cada vez cobran mas fuerza.

En la celda hace una temperatura soportable y me parece que ya no estoy tan cansado como lo estaba.

Un abrazo muy fuerte.

Rodrigo.>

Hay alegría en el campamento.Bueno no es generalizado, pero si en algunos sectores.El capitán Mirelles se ha hecho de un lápiz y papel y por primera vez escribe realmente.

BARRACÓN TRES, MARZO…

Querida madre: Curiosamente casi me he olvidado de escribir, mis dedos están torpes no pueden sujetar el lápiz y se me resbala una y otra vez al suelo mi mente no manda la orden a la mano, ellas están secas y muy duras, y no tienen fuerza para escribir.

Aunque nada se ha concretado.Ni se sabe con fiabilidad, se comenta que es posible, gracias a las negociaciones de, Amnistía Internacional y Cruz Roja salgamos libres definitivamente.No lo creo.Si la noticia se confirma de manera oficial y se hace realidad, significaria que muy pronto estaremos juntos.

Madre, llevo una temporada que no me encuentro bien.Es gracioso e ilógico.Ahora que somos mejor tratados; yo pierdo salud y estoy muy enfermo.

No se con exactitud lo que me pasa.Mis compañeros dicen que es lo normal que el desgaste físico y sicológico tiene un limite y lo que no muestra síntomas, tarde o temprano de la cara. Si alguna vez vuelvo a pisar Asturias…

El capitán Mirelles no continua escribiendo.Deja el lápiz caer al suelo y no se agacha para recogerlo.Relee lo que ha terminado de escribir.Piensa en Dios. se queda un momento con la mente en blanco.

Un compañero, entra en la celda y le pregunta.

-¿No vienes a cenar? , ya ha sonado el timbre.

El capitán Rodrigo se levanta de la silla vuelve la mirada otra vez al papel lo coge mientras echa a andar, y con las dos manos lo va rompiendo en muchos pedacitos.

Ya no hay duda.Se lo van trasmitiendo de palabra de prisionero a prisionero como una rueda sin final.Detrás de las alambradas está la libertad.En todos los presos hay un ápice de amargura, un temor en sus miradas, un miedo, una duda.Libertad, si, pero…¿para cuantos?, ¿para quienes?.Piensa que cada uno de ellos puede ser elegido por la mala suerte de la fatalidad.

-¿Creéis que habra sitio para todos?.
-Si, dicen que van a hacer varias expediciones.

La noticia es muy buena y además los soldados que vigilan el campo lo hacen con desgana.Las torres vigías pasan horas desocupadas, las ametralladoras no apunta ningún objetivo y hasta los reflectores del campamento y los del patio parecen que dan menos luz y giran lentamente.

En estos momentos a ningún preso se le pasa por la cabeza la fuga.Quieren salir por la puerta grande.La que conduce a la libertad.

La palabra repatriación había tomado un sentido, milagroso, mágico. Tenía vida propia.

CAMPAMENTO DE REFUGIADOS, ABRIL…

Querida madre: Ahora, si, es cierto y te puedo concretar que la orden de repatriación es ya una realidad.Mediante un comunicado, leído esta mañana por el director del campo, a través de la megafonía que Cruz Roja sera la encargada de sacarnos de aquí a todos los prisioneros que quedamos en el Este.Parece ya el final de todo.Y a la vez me asusta mucho la idea del regreso, la vuelta a la vida civil, como volver a nacer.Tampoco se como reaccionare cuando nos reencontremos y lo que haré si no te encuentro.

¿podre adaptarme a la realidad?, ¿ mis amistades?, ¿estarán y serán los mismos de siempre?, ¿sere capaz de conocer las calles de Santander?.Caminar por ellas, mezclarme entre la gente,cruzar los semáforos sorteando el trafico…¿dañara el sol mis ojos y el aire mi piel?, ¿sabré conducir mi coche?.Ahora siento vértigo tras todo este tiempo de encierro.Antes, no me fijaba ni miraba hacía atrás, no miraba hacía el cielo, ni observaba los pajarillos, ni ver crecer los brotes tiernos de los árboles.Ahora me paro a cada paso y miro cada detalle, cada minuto. Y pienso que he perdido todo el tiempo, demasiadas cosas, madre, he dejado pasar.

Si la repatriación no llegase…no se que podríamos hacer.Vendimos todo los que nos quedaba y nada tenemos.Solo me queda lo puesto, seguramente algo tendré que vender, la manta o las botas.

Desde que te escribí mi última carta mi salud a empeorado.No se que no me funciona bien.Estoy cada vez mas débil, cansado y viejo, mucho mas triste.Mis compañeros me han traído un flan, hecho por ellos .

Nada me entra en el estómago.He probado un poco de el flan he tenido que dejarlo en el plato, se que les ha costado mucho hacerlo, se que esto los ha entristecido, pero no se ya comer.

Un abrazo y hasta muy pronto.

Rodrigo.

Unos meses mas tarde un grupo de hombres zarpan en un barco de Cruz Roja.Son hombres muy fuertes.Inmunes a casi todo, están extenuados, forman sus cuerpos han sido maltratados hasta el limite de lo creíble.Por primera vez reciben cuidados y atenciones.Se habla de tratamientos médicos, aparecen enfermedades que ya estaban erradicadas.Los hombres se ríen y lloran como nichos chicos abandonados a su suerte.Los médicos no entiende su ciencia, ni pueden demostrar como muchos de ellos y contra todo pronostico pueden estar vivos.Los doctores, hacen preguntas, todos preguntan al mismo tiempo..Quieren saber que paso en los campos de concentración.Los hombres se pasan las horas en popa mirando el mar para saltar a tierra todos quieren ser el primero que la pisa.

La mar acaricia suavemente los costados del barco.

En Santander pasea por una avenida un corone,l luce en su guerrera una laureada redonda.El coronel Mirelles la mira una y otra vez como si no fuera suya, sino de otro hombre.Baja la vista hasta sus botas y le parece mentira que pisaran por campos de concentración y caminasen junto a las alambradas con los reflectores que cegaban, sobre todo está convencido que las huellas de sus pisadas jamas quedaron marcadas en la nieve helada de los Valcanes.Ni en sus oídos reboto el ruido de las bombas.Pero en su cuerpo quedarán ya marcadas para siempre las cicatrices de las flagelaciones.

Un capitán llamado Mirelles imagino una vez que si tuviera hijos les cantaría la misma canción de cuna que tarareaba su madre cuando el era muy pequeño.

El mar en el puerto de Santander besa con dulzura los costados de los barcos.

El caballero laureado lentamente se acaricia, con una mano su rostro.Su cara está humedecida por las lágrimas.

¿Nevara en Moscú? y en los Valcanes ¿caéra la nieve?.

Mi coronel.Tus ojos no se han secado para siempre como tu pensabas.

Acerca del autor

Carmen Maria

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