Relatos Cortos

Huesped

Escrito por Consol Torrente

PRÓLOGO

Irene es una mujer de mediana edad que ve como un desconocido se va adueñando de ella, de sus movimientos de su intelecto, cada día la va anulando más siendo él quien acabará llevando los mandos quien decidirá por ella, pero Irene no se dará por vencida fácilmente luchará con uñas y dientes por recuperar su libertad.

A los lectores de este relato, cuento o como quieran clasificarlo, les reto a que piensen al final de su lectura, si les ha costado averiguar a que huésped se refiere Irene, contra quien lucha para recuperar su libertad.

Al escritor de este relato, le gustaría haber sabido transmitir los miedos, las angustias de Irene, porque en realidad son las suyas, y las de tantos que como Irene están obligados a compartir su vida con un huésped indeseado.

1. parte

La historia transcurre en una fonda pequeña regentada por Irene, solo tiene 10 habitaciones, está situada en la Cerdaña una comarca de los Pirineos catalanes, cerca de Andorra, un principado donde suelen ir los turistas a hacer sus compras por ser más barato, y no muy lejos de Barcelona, unos 200 Km

Es invierno, durante el día si es soleado se está bien pero una vez se amaga el sol el frío arrecia, son las 7 de la tarde ya hace dos horas que ha oscurecido, todos los huéspedes de la Fonda, van llegando, todos entran frotándose las manos, es una forma de calentárselas, Irene les tiene la chimenea encendida, sabe que a los de la capital les encanta sentarse un rato frente al fuego y contemplarlo, eso les relaja, en la Fonda de Irene se respira tranquilidad, es algo que no se puede explicar notas una paz interior que te da confianza y te hace sentir bien, tal vez por eso todo el que pasa unos días allí dice maravillas, la recomienda afamiliares y amigos, hacen propaganda no necesita anunciarse en la Guía de Fondas.

Irene está repasando las habitaciones que le quedan libres, hoy inesperadamente tras recibir una llamada un matrimonio que tenía reservado 10 días ha tenido que irse, algo urgente no han dicho los motivos pero sus caras mostraban preocupación, miedo, Irene no se ha atrevido ni a preguntarles ¿por qué se han de ir con tanta prisa? Cuando la señora nerviosa se le acerca y en voz baja le dice al oído:
– Doña Irene yo de usted cerraría la Fonda y me iría unos días
– Ya me gustaría le contestó amablemente, pero tengo huéspedes que debo atender.

Irene pensó, como me voy a ir si tengo la fonda llena, acaso no era evidente, le debe haber afectado la llamada recibida y no sabe lo que se dice, no le dio importancia a su advertencia.
Absorta en sus pensamientos no oye que alguien ha entrado, un desconocido está esperando en el mostrador, una voz seca le hace hacer un espasmo, y le sale un grito de asustada y oye
– ¿Alguien puede atenderme?,
Irene se disculpa,
– Lo siento señor estaba distraída y no lo oí entrar, ¿hace mucho que espera?
– Unos diez minutos de reloj, no podía esperar más, estoy buscando habitación, y con lo tarde que es si no la encuentro aquí, no sé si me dará tiempo de buscar más, a parte con este frío no me apetece seguir buscando, así que si usted me pudiera acomodar en cualquier sitio.

– Hoy es su día de suerte, por casualidad tengo una libre, la tenía reservada por 10 días pero los huéspedes se han tenido que ir urgentemente. Creo que le gustará, es una de las mejores ¿viaja sólo, o con familia? ¿Cuántos días se va a quedar?
– Siempre viajo solo, no sé los días depende de lo a gusto que me encuentre aquí ¿tengo que decírselo ahora?
– No, no, solo era curiosidad, le dice Irene.
– Tenga la llave la habitación es la 108 está situada al Sur y es la más soleada, la más alegre, eso sí, me tendrá que dejar algún documento para proceder al registro, y pagarme una semana por adelantado, si se queda menos le abonaré la diferencia.

El nuevo huésped, no pone objeción, le entrega el DNI, y saca un billete de 100 €,
– ¿Es suficiente como adelanto?
Irene le contesta afirmativamente con la cabeza, está rellenando la ficha, y ni siquiera se lo mira,
– Tenga la llave, y puede subir si desea cambiarse para la cena, la servimos a las 9, a las 10 el comedor se cierra, el desayuno se sirve de 8 a 10:30 y la comida de 13 a 15:30.

El huésped coge una maleta que llevaba, era su único equipaje, y se dirige a la 108, pasa por el lado de Irene, sin casi mirarla. , Irene le entra un escalofrío por todo el cuerpo, un frío raro, al pasar junto a ella el nuevo huésped, no le da importancia puede ser que haya cogido frío por la tarde, cuando se quedó un rato en la plaza, hablando con las vecinas.

Falta poco para la cena, e Irene no tiene preparadas las mesas, toda nerviosa, se dirige al comedor, van a llegar los huéspedes y no va a estar a punto, nunca le había pasado desde que le pusieron el tratamiento su cuerpo había respondido pero ahora volvían los síntomas, cada vez era más lenta haciendo las cosas, y hoy encima el nuevo huésped la ha entretenido, ha hecho que se le retrasara el trabajo.

No sabía porque pero no podía dejar de pensar en su nuevo huésped,, y le corría un frío raro por todo el cuerpo cada vez que le venía su imagen a la mente.

Irene no se había casado nunca, de joven tuvo un desengaño con un muchacho, y desde entonces no quiso saber nada más, jamás volvió a confiar en nadie y menos en un hombre, pero el nuevo huésped, le producía una sensación rara, distinta, entre miedo y temor.

– No me estaré obsesionando con el de la 108, no es mi tipo pensó mientras sonreí

2. parte

A las 8 en punto de la mañana aparece en el comedor el huésped de la 108, Irene está acabando de preparar las mesas para el desayuno, nada más verlo se estremece, se le pone piel de gallina y un frío raro la envuelve, la misma sensación de la anterior noche, pero intenta disimular, que no sé de cuenta y procurando que no se le notara le pregunta,
– ¿Ha dormido bien?
pero le salió una voz rara, mejor dicho casi ni le salió la voz, pensaba que no lo había oído, pero el de la 108 le responde
– Sí muy bien señora, gracias.
Irene sorprendida por su contestación, pues era imposible que la hubiese oído, ya que de su garganta había salido solo un hilillo de voz y él estaba demasiado lejos, entonces intenta preguntarle.

– ¿Qué le pasó anoche que no bajó a cenar?,
pero la voz sigue negándose a salir de las cuerdas vocales, y oye al huésped que le contesta,
– Tenía más sueño que gana, me estiré para descansar un poco y me quedé dormido, hasta esta mañana,

Irene nerviosa se pone delante del huésped y le pregunta.
– ¿Used me oye?
– Perfectamente, no es necesario que grite.

En esos momentos van llegando el resto de los huéspedes, les sirve el desayuno, cuando el de la 101 le pregunta.
– ¿Qué le pasa hoy, que apenas se le oye?,
– ¿Usted no me oye verdad?,
– muy poco.

Irene respira hondo, alguien se ha dado cuenta que sus cuerdas vocales no le obedecen, pero piensa en el de la 108 y nota que su cuerpo tiembla sin poder controlarlo, se asusta y sale corriendo y se mete en los aseos, Irene se desespera, desea que el de la 108 se vaya pronto, desde que ha llegado que le están pasando cosas raras.

Más calmada se dirige de nuevo al comedor, fluye tranquilidad, el de la 108 no está, respira aliviada, pero no baja la guardia, en cualquier momento puede aparecer, y cada vez soporta menos su presencia.

Van pasando los días y el de la 108 no dice de irse, Irene se teme que se vayan todos los huéspedes y se quede sola con él, desde el momento que entró por la puerta que notó una extraña sensación, por las noches no la deja dormir, lo oye por la habitación que no para, eso a ella le afecta, no la deja descansar, se teme que su huésped le esté haciendo algún conjuro.

Llega el día en que todos los huéspedes se han de ir, todos se despiden en el desayuno, todos menos el 108, sigue en su mesa silencioso, Irene se dirige hacia él, le cuesta, los pies no la obedecen, la mano derecha le tiembla, pero sigue intentándolo, él la mira, su rostro es inexpresivo, no se inmuta ante el esfuerzo que ha de hacer Irene para llegar. Cuando por fin lo consigue, le pregunta,
– y a usted, le preparo la cuenta para hoy,
a lo que respondió negativamente con la cabeza.
– Para cuando entonces, cuando tiene previsto marcharse.
– Nunca, contesta, aquí estoy bien, he encontrado lo que buscaba, de aquí no pienso moverme.

Irene se queda inmóvil no puede seguir ni hacia atrás ni hacia delante, se queda con la mirada fija en su huésped, cae desmayada.

Irene se despierta en la habitación de un Hospital, esta rodeada de médicos y enfermeras, entre ellos le parece ver la figura difuminada de su huésped, se asusta y la mano derecha empieza a temblar, intenta pararlo pero no puede. Cuando ve al Dr. Lo llama y le pregunta que le pasaba, que hacia aquí postrada en esta cama.

El doctor la intenta tranquilizar
– Sra. Irene, ayer recibimos una llamada , nos avisaban que una mujer de raza blanca yacía desmayada en el portal de su casa, mandamos una ambulancia y aquí la tenemos, le hemos hecho análisis y unas pruebas al cerebro, para descartar otro tipo de enfermedades.

– ¿Usted se está haciendo el tratamiento que le puso su neurólogo? Le pregunta el Doctor a Irene,
– Si, claro, sino no podría ni moverme, le contesta Irene.

– Se está tomando la misma dosis?, ¿No se la han aumentado?
– Sí, llamé por teléfono a mi neurólogo porque mis ratos offs iban en aumento y me aconsejó que aumentara una de las pastillas que me tomaba al día. Puede que por mis ansias de estar bien me pasara.
– Pues si Irene se pasó usted, pida hora a su médico y entréguele este informe.

– ¿Puedo saber lo que pone?
– Por supuesto. Solo pongo en conocimiento de su médico en el estado que usted ingresó en nuestro Hospital, las exploraciones que le hemos realizado y nuestro diagnostico.- ¿Y cual es su diagnostico?
– Alteraciones graves del cerebro que le pueden haber producido incluso alucinaciones, a causa de una sobredosis de medicamentos.

– ¿Y esas alucinaciones pueden volver a producirse?
– No, si toma la dosis adecuada.
– Bien Irene, nosotros no podemos hacer más por usted, le voy a dar de alta, puede usted irse a su casa, pero no tarde en llamar a su médico.

Sin pronunciar palabra se va vistiendo, ya puede irse, ya sabe lo que le ha pasado, pero eso no la tranquiliza, porque para ella su huésped es real, no es ninguna alucinación.

Al llegar a su casa busca desesperada por todas las habitaciones, entra en el salón, está toda la familia esperándola para darle la bienvenida, por su vuelta a casa a su hogar, con la mirada va buscando su último huésped pero no lo ve, cuando un estruendo de voces al unísono le dicen “BIENVENIDA A CASA”, y uno a uno se acercan a besarla, Irene, les sonríe complaciente, con palabras de agradecimiento pide permiso para retirarse, está cansada.

Irene va camino de su habitación sin dejar de pensar en la fonda que regentaba y en sus huéspedes, aún sabiendo que había sido una alucinación, su vivencia fue tan real que aún ahora duda, en esos momentos le parece ver al último huésped a su lado, el de la 108, solo ella se da cuenta, no puede andar, se le clavan los pies en el suelo, empieza a temblar, su voz se va apagando, son los síntomas típicos que tiene cuando su huésped está cerca, ¿pero como es que solo ella nota su presencia?, ¿Por qué ningún miembro de su familia lo ve?, ¿Volveré a estar alucinando?, se pregunta angustiada, pero esto no es un sueño ni una alucinación, lo que me está pasando es real.

Irene sabe que nunca regentó una Fonda, siempre vivió en casa con sus padres y un tío soltero hermano de su madre a quien ella siempre le había tenido un cariño especial.

3. parte

Irene nunca tuvo huéspedes, al único que conoce es el que sin saber como ni cuando ni donde ni porqué se ha instalado junto a ella a su, lado le acompaña a todas partes, no la deja ni a sol ni a sombra, se va adueñando de su cuerpo, él es quien decide cuando hay que andar y cuando se ha de estar quieta, él es el que día a día, poco a poco se va haciendo con los mandos anulándola por completo en algunos momentos.

Pero Irene no se da por vencida fácilmente, su espíritu luchador no la dejará parar hasta conseguir echar a su huésped, no puede dejarlo instalarse tan fácilmente le pondrá toda la resistencia a su abasto para alejarlo de ella. Quiere ser libre, moverse con plena libertad, ella sabe que hasta que no consiga echar a su huésped no lo logrará, por eso está dispuesta a luchar.

Pero es un enemigo demasiado poderoso para hacerlo sola, además tiene aliados incluso con más poder que él, por eso ha decidido buscar ayuda en donde quieran dársela, ha buscado información por todas partes. Con gran sorpresa por su parte, averiguó que no era ella sola la que tenía que aguantar un huésped siempre a cuestas, hay miles de personas en el mundo igual que ella.

Irene intenta ponerse en contacto con ellos, sabe que si unen fuerzas, podrían conseguir algo, es tanto su entusiasmo que lo llega a transmitir a los demás y más de uno la anima en su guerra por la libertad, pero Irene no tiene armas con las que luchar, así que utiliza la única de que dispone, escribir reindivicando, protestando, pidiendo ayuda a quien pueda dársela, pero es como dar palos de ciego, nadie le hace caso.

Entonces decide ir más lejos y comprometer a altos cargos, pero no se dejan convencer fácilmente, hay demasiados intereses por medio, hay poderosas razones para no hacer desaparecer ningún huésped de donde se ha instalado.

La batalla está perdida para Irene, su huésped va avanzando, cada día que pasa va ganando un poco más de terreno, le quita un poco más de su libertad, ella sabe que de no encontrar solución acabará dependiendo de los demás, convirtiéndose en una carga para su familia y eso no estaba dispuesta a que sucediera.

A pesar de todo Irene no pierde la esperanza, las ha puesto todas en un grupo de científicos convencidos que en la ciencia esta la solución y aunque han tenido que luchar mucho para convencer a los gobiernos que les dejaran investigar, (alegaban moralidad y ética) al final lo han conseguido.

Ahora solo hace falta paciencia y esperar que la ciencia encuentre la forma de echar para siempre a todos los huéspedes instalados sin su consentimiento en los cuerpos de algunos seres humanos, la formula que les devuelva su libertad de movimientos, sus recuerdos y tantas otras libertades cortadas.

Para Irene es un sueño que espera se haga realidad, pero desde su alucinación, nada le parece real, vive atemorizada, teme despertar en otra habitación de un Hospital y que un señor con bata blanca al que todos llaman doctor, le diga, todo ha sido producto de una ALUCINACIÓN, ni están investigando ni están haciendo nada, ni tan siquiera existen los científicos de los que usted nos está hablando.

Aunque ¿quien le dice a ella que no ha sido todo un sueño y que se despertará en la cama abrazada a su marido, sin rastro del huésped que la estaba anulando, quitando su libertad?

Quien sabe donde empieza el sueño, donde la Alucinación, y que hay de real en la vida de Irene, en la vida de todas las personas que se hayan identificado con su historia, que hayan compartido su sueño, su alucinación, su huésped.

Acerca del autor

Consol Torrente

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