Gabinete de Filósofos

De los modos del placer y del dolor

Escrito por John Locke

El placer y el dolor son ideas simples. Entre las ideas simples que recibimos, tanto de la sensación como de la reflexión, el dolor y el placer son de mucha consideración. Porque así como en el cuerpo hay sensación casi en sí misma, o bien acompañada de dolor o de placer, así también el pensamiento, o sea la percepción en la mente, es simplemente eso o se ve acompañado también por el placer o por el dolor; por el deleite o por la turbación o como quiera que se les llame. Como todas las ideas simples, éstas no pueden ser descritas, ni es posible definir sus nombres; la manera de conocerlas, al igual que las ideas simples de los sentidos, consiste tan sólo en experimentarlas. Porque definirlas por la presencia del bien o del mal no es sino hacernos reflexionar acerca de lo que sentimos en nosotros mismos con ocasión de las diversas operaciones del bien y del mal sobre nuestra mente, según las diversas maneras en que las aplicamos a nosotros o en que las consideramos.

¿Qué son el bien y el mal? Las cosas, por lo tanto, son buenas o malas solamente en relación al placer o al dolor. Llamamos bueno aquello que sea capaz de causar o de aumentar en nosotros el placer o de disminuir el dolor; o bien, lo que sea capaz de procurarnos o de conservarnos la posesión de cualquier otro bien, o la ausencia de cualquier mal. Y, por lo contrario, llamamos mal aquello que sea capaz de producir o de aumentar en nosotros cuálquier dolor, o de disminuir cualquier placer; o bien, lo que sea capaz de procurarnos cualquier mal, o privarnos de cualquier bien. Por placer y por dolor debe entenderse que me refiero tanto a lo que toca al cuerpo como a la mente, según es común hacer la distinción, aunque en verdad no se trate sino de diferentes estados de la mente, producidos algunas veces por desórdenes corporales, algunas veces por pensamientos en la mente.

El bien y, el mal mueven nuestras pasiones. El placer y el dolor, y aquello que los produce, a saber: el bien y el mal, son los pivotes sobre los cuales giran nuestras pasiones. Y si reflexionamos acerca de nosotros mismos y observamos de qué manera obran en nosotros (el placer y el dolor) bajo diversas relaciones; cuáles son las modificaciones o disposiciones que producen en la mente, y qué sensaciones internas (si se me permite llamarlas así) acarrean, podremos de allí formarnos ideas sobre nuestras pasiones.

El amor. De esta suerte, quien quiera reflexionar acerca del pensamiento que tenga sobre el deleite que cualquier cosa presente o ausente es capaz de producirle tiene la idea que llamamos amor. Porque cuando en el otoño declara un hombre, al estarlas comiendo, o en la primavera, cuando no las hay, que ama las uvas, no hace sino decir que el sabor de las uvas lo deleita. Pero que sobrevenga alguna alteración en su salud o constitución que destruya el deleite de ese sabor, y entonces ya no podrá afirmar que ama las uvas.

El odio. Por el contrario, el pensamiento del dolor que puede producirnos cualquier cosa presente o ausente es lo que llamamos odio. si mi propósito fuera inquirir más allá de las meras ideas de nuestras pasiones, segun dependen de las diversas modificaciones del placer y del el dolor, haría notar que nuestro amor y nuestro odio a los seres inanimados e insensibles están por lo común fundados en el placer o en el dolor que recibimos por su uso, y de la aplicación que en cualquier forma se haga de ellos a nuestros sentidos, aunque esas cosas sean destruídas por semejante uso. Pero el odio o el amor a seres capaces de ser felices o desgraciados es frecuentemente el malestar o el deleite que experimentamos en nosotros mismos, procedentes de una consideración de su ser mismo o de su felicidad. Por eso, como el ser y el bienestar de los hijos propios o de los hijos de un amigo producen un constante deleite, se dice que quien experimenta eso los ama constantemente. Pero baste aquí advertir que nuestras ideas de amor y de odio no son sino disposiciones de la mente en relación al placer y al dolor en general, cualquiera que sea la causa que los produzca en nosotros.

El deseo. El malestar que un hombre experimenta con motivo de la ausencia de cualquier cosa cuya presencia le causa un goce y acarrea la idea de deleite es lo que llamamos deseo, que puede ser o mayor o menor, según aquel malestar sea más o menos vehemente. De donde quizá resulte útil advertir de paso que el principal, ya que no el único, acicate de la industria y actividad humanas es el malestar. Porque, cualquiera que sea el bien que se ofrezca, si su ausencia no acarrea desabrimiento o dolor, si un hombre se encuentra a gusto y contento sin él, no hay deseo por él, ni empeño en tenerlo; no hay sino, una mera veleidad, que es la palabra que se emplea para significar el grado más bajo del deseo y, que denota casi su ausencia total, donde la pena por la ausencia de la cosa de que se trata es tan leve que no logra sugerir en quien la experimenta sino un ligero deseo por tenerla, pero sin que provoque ningún uso vigoroso y efectivo de` los medios para Iograrlo. El deseo también se apaga o se disminuye por la opinión que se tenga acerca de la imposibilidad o de la inalcanzabilidad del bien de que se trate,en proporción en que se disipe o se disminuya el malestar en razón de esa opinión. Esta reflexión podrí llevar más allá nuestros pensamientos, si éste fuera lugar pertinente.

La alegría. La alegría es un deleite de la mente que procede de la consideración de la posesión actual de un bien o de su segura posesión en el fututo; y estamos en posesión de un bien cuando se halla en nuestro poder de ta manera que podamos usarlo cuando nos plazca. Así acontece respecto a hombre hambriento que,con la noticia de la próxima llegada de auxilios, se alegra antes de experimentar el placer que le proporcionarán. Y un padre, a quien el bienestar de sus hijos le proporcione alegría siempre estará, mientras sus hijos gocen de ese estado, en la posesión de ese bien, porque le bastará reflexionar sobre ello para sentir el consiguiente placer.

La tristeza. La tristeza es el malestar de la mente, provocado por el pensamiento de un bien perdido que pudo haberse gozado por más tiempo o bien es el sentimiento de un mal presente.

La esperanza. La esperanza es ese placer de la mente que todos experimentan ensí mismos con motivo del pensamiento del probable gozo futuro de una cosa que sea capaz de deleitar.

El temor. El temor es el malestar de la mente por el pensamiento de un mal futuro que puede acaecernos.

La desesperación., La desesperación es el pensamiento acerca de la imposibilidad de alcanzar algún bien, pensamiento que obra de diferente modo en la mente, porque a veces produce malestar y a veces reposo e indolencia.

La cólera.La cólera es el malestar o el desorden provocados por alguna injuria y que incita a un propósito de venganza.

La envidia. La envidia es un malestar de la mente, causado por la consideración de un bien que deseamos y que ha sido obtenido por otro que pensamos debió tenerlo antes que nosotros.

Cuáles son las pasiones que tienen todos los hombres. Como estas dos últimas pasiones, la envidia y la cólera, no se causan simplemente por el dolor y el placer en si mismos, sino que cotienen algunas consideraciones mezcladas respecto a nosotros mismos y a otro, resulta que no son pasiones que se encuentran en todos los hombres, porque en algunos falta esa parte de estimación de los méritos propios o de deseo de venganza. Pero en cuanto a las demás pasiones que se terminan puramente en el dolor y en el placer, y creo que se terminan puramente en el dolor y en el placer,yo creo que se hallan en todos los hombres. Porque amamos,deseamos nos alegramos y esperamos,sólo en relación al placer; y odiamos tenemos y nos afligimos, sólo, en última instancia, respecto al dolor. En una palabra, todas estas pasiones son provocadas por cosas, sólo en cuanto aparecen como causa de placer o dolor,o en cuanto de algún modo llevan consigo, el placer o el dolor. Es por eso por lo que comúnmente hacemos extensivo nuestro odio al sujeto (por lo menos sí es un agente sensible o voluntario) que nos ha provocado un dolor, porque el temor que nos deja es un dolor constante. Pero no amamos con igual constancia aquello que nos ha hecho un bien, porque el placer no opera sobre nosotros con el mismo vigor que el dolor, y porque no estamos tan dispuestos a concebir la esperanza de que de nuevo nos provocará el mismo placer. Pero esto digámoslo paso.

¿Qué son el placer y el dolor? Por placer y dolor, por deleite y malestar, quiero que se me entienda en cuanto llevo dicho (segun ya lo insinué) que me refiero, no tan sólo al dolor y al placer corporales, sino a cualquier deleite o malestar sentidos por nosotros, sea que procedan de cualquier sensación o de cualquier, reflexió agradable o desagradable.

Pero además debe advertirse, tocante a las pasiones, que la desaparición aminoración de un dolor se considera y opera como un placer, y que la privación o disminución de un placer se considera y opera como un dolor.

La vergüenza. Las pasiones tienen en su mayoría y respecto a casi todas las personas un efecto sobre el cuerpo y causan en él cambios varios, que, como no siempre son sensibles, no constituyen necesariamente una parte de la idea de cada una de las pasiones. Porque la vergüenza, que es un malestar de la mente, provocado por el pensamiento de haber hecho algo indecente o algo que aminora la estimación que otros tienen de nosotros, no viene siempre acompañada de rubor.

Estos ejemplos sirven para mostrar de qué manera las ideas de las pasiones proceden de la sensación y de la reflexión. No quiero que se tome esto como un tratado de las pasiones. Hay muchas más de las que he citado, y aquellas a las cuales me he referido merecen, cada una, una explicación mucho más extensa y exacta. Solamente he mencionado algunas como otros tantos ejemplos de los modos del placer y del dolor que experimenta la mente por las diversas formas de considerar el bien y el mal. Pude, quizá, valerme de ejemplos de otros modos del placer y del dolor que son más elementales que los elegidos por mí, como, por ejemplo, el dolor del hambre y de la sed, y el placer que se tiene al comer y beber, que hace desaparecer aquellos dolores; o bien el dolor de ojos y el placer de la música; el dolor que causa una disputa capciosa e ignorante, y el placer de una conversación racional con un amigo, o de una investigación bien dirigida en busca del descubrimiento de la verdad. Pero como las pasiones son algo que nos concierne tan directamente, preferí elegirlas como ejemplos, para mostrar que las ideas que tenemos acerca de ellas proceden de la sensación y de la reflexión.

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John Locke

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